
Sus grandes ojos transparentes me acusaron un instante
Después sólo fue el crepitar de sus cuerpos tenues
Que ya está me dije
Que el olvido sobrevenga
Hay momentos en los que se ve hasta siempre. Flashes victoriosos. Otros en los que no se ve nada. En la espera. En la esperanza.


Presta atención a Behemot: se alimenta de hierba como el buey. Mira qué.-Libro de Job (XL,15-24)
fuerza en sus riñones, qué vigor en los músculos de su vientre. Endereza su cola
como un cedro, se entrelazan los nervios de sus muslos. Sus huesos son tubos de
bronce; sus cartílagos, barras de hierro. Es la primera de las obras de Dios,
quien lo hizo rey de sus compañeros. Le pagan tributo las montañas y todas las
fieras que en ellas retozan. Debajo de los lotos se revuelca, en la espesura de
cañas y de juncos. Le cubren los lotos con su sombra, le rodean los sauces del
torrente. Aunque el río anegue, no se asusta; quieto está aunque un Jordán le
llegue al hocico. ¿Quién podrá apresarlo por los ojos o taladrarle la nariz con
una estaca?

BEAUDELAIRE, Petits poèmes en prose